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La primera viña "de autor" de Chile busca expandirse (La Tercera 25.07.05) - 25/07/2005 (Texto Original)

Es considerada la única "viña garage" del país. Esto es, una bodega que produce vinos de autor y que cuenta sus volúmenes por botellas en vez de cajas.

Jorge English

La Viña Antiyal ("hijos del sol" en mapudungún) es desconocida en Chile, pero en Europa y Estados Unidos sus vinos, por escasos y excelentes, son muy apreciados por los gourmets. El mérito es de Alvaro Espinoza, nombre que probablemente poco dice al común de las personas. Sin embargo, en el mundo del vino local casi se le reverencia y es considerado el mejor enólogo de su generación, una intermedia entre los pioneros de ese campo, como Patricio de Solminihac de Viña Aquitania, o Pablo Morandé, de la que lleva su apellido, y los muchos jóvenes que hoy optan por esa profesión a la par del éxito de la industria vitivinícola chilena.

Antiyal nació en 1996 y es considerada la única "viña garaje" del país. Esto es, una bodega que produce vinos de autor y que cuenta sus volúmenes por botellas en vez de cajas, en su caso 6.300 unidades de la cosecha 2003.

El enólogo utiliza uva que produce en media hectárea de su parcela de 10 mil metros cuadrados de Alto Jahuel, donde vive con su señora y sus tres hijos. Además compra uva producida en una hectárea de la Viña Santa Rita, y la de dos hectáreas de un campo perteneciente a su familia. En total, sólo 3,5 hectáreas en el valle del Maipo. La "mini" bodega, asimismo, cuenta con capacidad para 14 mil litros... Serían millones en una viña grande.

Y por si fuera poco, se trata de caldos diferentes por ser producidos bajo las leyes de la agricultura orgánica y el biodinamismo. Es decir, elaborados sin fertilizantes artificiales, ni plaguicidas y menos aditivos, reemplazados por el aporte de insectos y flores sembradas entre los viñedos, y el guano que naturalmente aportan patos, gallinas, gansos y alpacas. Esta "visión ambientalista de lo que es producir vinos", según Espinoza, no contradice la posibilidad de convertirse en un buen negocio.

Aunque vinificar poco volumen es caro, porque para 100 ó 10 mil cajas los costos base son los mismos, el precio que alcanza cada botella de Antiyal -mezcla de carmenère, cabernet sauvignon y syrah- permite que la operación sea rentable. En Estados Unidos cuestan US$ 50, mientras que por un Kuyen -una línea más económica, ensamblaje de syrah y cabernet sauvignon de la que salieron 5.700 botellas- se deben pagar US$ 23. No son valores inalcanzables, pero más que duplican el promedio de un vino chileno medio colocado en los mercados externos. Además, una excelente red de contactos y el prestigio conseguido trabajando para Viña Carmen hasta 2000, y como asesor de otras empresas, permiten que se venda todo e incluso no se pueda atender toda la demanda.

Y está el factor calidad, reconocida con 92 puntos por la revista estadounidense WineSpectator. "Eso vale mucho más que toda una página de publicidad en cualquier medio", afirma Espinoza, que emprendió este proyecto junto a su mujer Marina Ashton, quien se ha encargado de las relaciones públicas y la administración del negocio familiar.

Espinoza ha impulsado su viña en paralelo a la consultora y comercializadora Geo Wines, asociado con su amigo Sergio Reyes. Su principal cliente es Viñedos Orgánicos Emiliana, del grupo Concha y Toro, para la que el enólogo diseñó el vino orgánico Coyam. Con otro socio la firma también se dedica a comprar uva y vinificar con la marca Chonos, que luego vende a US$ 45 la caja de 12 botellas. Con Geo Wines logró una solvencia que le permite abordar sin endeudarse el proyecto Antiyal.

Carentes del deseo de impulsar una operación a gran escala, el matrimonio aspira más bien a emular algunos pequeños chateaux franceses que producen joyas de la vitivinicultura, cuya cotización los hace altamente rentables. No obstante, hace unos años la pareja adquirió una parcela de siete hectáreas para crecer, ojalá ser autosuficientes y dejar de comprar uva. Y si de sueños se trata, a Espinoza le encantaría comprar un terreno al lado del mar para empezar a elaborar un buen blanco.





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