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Matías Rivera está en la búsqueda de un gran merlot chileno. Y va por buen camino. (www.planetavino.com) - 30/05/2005 (Texto Original)

Por Patricio Tapia

Desde que a mediados de los años 90 o, para ser más precisos, en 1994, se descubriera que lo que en el pasado se conocía como merlot era, en realidad, carmenere, muchas cosas han pasado. Y la mayoría buenas, si tomamos en cuenta el tremendo avance que ha tenido el carmenere chileno. ¿Pero qué pasa con el merlot?

En términos simples, la respuesta es “no mucho”, sobre todo a juzgar por los pobres resultados que se ven en la mayoría de los merlot chilenos que pululan en las estanterías de los supermercados, merlot que carecen de la suavidad, de la elegancia, de la fruta que se supone tiene esta cepa.

El merlot es una variedad que no se adapta necesariamente a los intensos calores del valle central. De ciclo de madurez intermedio, en zonas cálidas sencillamente pierde su sedosidad y su fruta fresca, transformándose en una mole plana de frutas negras, un bloque de taninos rústicos y de sabor vacío. Es por eso que quizás los mejores ejemplos vienen de zonas más frescas. Estoy pensando en Loncomilla y los estupendos nuevos merlot de Gillmore (Hacedor de Mundos), en los viñedos maulinos de Calina y en los experimentos clonales que ellos han llevado a cabo, en Torreón de Paredes y sus viñas a los pies de Los Andes en el Alto Valle del Cachapoal y, por cierto, en el decano del merlot en Chile: Cousiño Macul, a los pies de la Cordillera, en el Alto Maipo.

Invitado por el enólogo de Macul, Matías Rivera, tuve la oportunidad de conocer de cerca el interés de esta bodega (y el entusiasmo de este enólogo) por el merlot en una degustación de la cepa en su cosecha 2005, una muestra de la pasión que Matías siente por esta variedad, oriunda de Pomerol y Saint-Emilion, en Burdeos.

En Cousiño Macul vienen plantando merlot desde que tienen memoria. Las primeras vides, importadas por los Cousiño durante la segunda mitad del siglo XIX, ya lo incluían, pero como en esos años la diferenciación varietal en el viñedo poco y nada se practicaba, la fuente de los actuales merlot de la bodega proviene de una selección masal hecha en el viñedo de la Quebrada de Macul en 1978 y posteriormente otra en 1982. De ambas, sólo subsiste esta última, ya que la primera sucumbió bajo los intereses inmobiliarios de la familia Cousiño. En todo caso, el material utilizado para esta selección masal fue nada menos que un viñedo plantado en 1932, del que hoy sólo queda su historia y la gracia de ser la madre de las uvas con las que Matías está tan entusiasmado.

Cuando en 1997 la bodega comenzó a trasladarse a su nuevo viñedo de Buin, a los pies de Los Andes, en el Alto Maipo, hicieron una nueva selección masal de merlot, por lo que hoy Matías cuenta con dos fuentes de la variedad para realizar su Reserva.

Aunque se trataba de vinos que se estaban aún haciendo, pudimos comprobar que el interés de Matías por el merlot no se queda solamente en la pasión teórica. Catamos seis muestras provenientes de Buin y Macul y las diferencias fueron notables, sobre todo cuando de orígenes más específicos se trata.

En principio, los suelos de Macul son más fértiles y con mayor retención de agua, el doble de Buin, según Matías lo que determina en parte la densidad de los vinos: más ligeros los de Macul, más corpulentos los de Buin. Sin embargo, esa es una afirmación demasiado general.





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